Economia
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Este miércoles tuvo lugar la primera reunión entre sectores industriales y funcionarios para evaluar los pasos a seguir con el controvertido pacto

Estamos en shock. Mejor dicho, estamos re calientes". Con esa crudeza, un reconocido industrial Pyme se refirió a los resultados que dejó la reunión en el Ministerio de Desarrollo Productivo, de la que participaron funcionarios de esa cartera y dirigentes empresarios, para evaluar las consecuencias que podría generar en la industria la implementación del controvertido acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea.

La bronca, vale aclarar, no es contra el ministro Matías Kulfas sino con lo que dejó firmado Macri.

De hecho, este mismo miércoles, los empresarios pudieron conocer las cláusulas y "letras chicas" incluidos en el TLC bilateral de boca de los propios funcionarios y que hasta ahora desconocían. Y las sorpresas fueron varias.  

Una de ellas fue cuando Kulfas les comunicó que el acuerdo ya está cerrado, que no se le puede incluir ninguna modificación y que así como está deberá ser enviado al Congreso para su tratamiento.

"Fue un verdadero baldazo de agua fría. Íbamos con un listado de todos los puntos que nos preocupaban, con algunas propuestas para modificarlos, pero nos dijeron que no tenían posibilidades de hacerlo. El acuerdo que firmó Macri tiene un candado puesto y no se puede tocar. Es un caso cerrado: o se aprueba como está o se rechaza en su conjunto, no se le pueden introducir cambios, parches o letras chicas", disparó uno de industriales que participó del encuentro.

A su turno, los funcionarios les dijeron a los empresarios: "Lo que tienen que hacer ahora es poner todos esos mismos puntos que los preocupan en un paper y mandárnoslo para que nosotros lo adjuntemos al texto que va a ir al Congreso. De nuestro lado no tenemos mucho más que hacer".

Desde la postura de este grupo de empresarios Pyme (que incluye a rubros como calzado, textil, juguetes, marroquinería y metalmecánica, entre otros), el pacto firmado por Macri representa más un riesgo que una oportunidad, dado que se establece la desgravación de más del 90% de las posiciones arancelarias de bienes industriales, lo que podría causar –alertan- un grave daño al entramado fabril nacional.

El Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior (ODEP) ya había alertado sobre los riesgos de alcanzar el libre comercio con las potencias europeas: un trabajo de este think tank advirtió que habría en zona de riesgo 186.000 puestos de trabajo en el sector industrial por la baja de aranceles. Y 47.000 de esas pérdidas se darían en los sectores sensibles, como muebles, textil, calzado y marroquinería.

El dato clave es que Paula Español fue quien publicó ese informe. Hoy, Español está al frente de la Secretaría de Comercio.

Otra bomba: Brasil se puede cortar solo

Los funcionarios en todo momento se mostraron cautos y se limitaron a informar algunos detalles que hasta ahora pocos conocían sobre lo que se había firmado.

 

Y, como contrapartida, buscaron recolectar información de los industriales, con la idea de armar un informe final que, como se dijo, acompañará al texto que deberá debatir y tratar el Congreso argentino, así como también deberán hacerlo los parlamentos de Brasil, Uruguay y Paraguay.

En un momento, el ministro Kulfas dejó la reunión por unos minutos. Quien quedó a cargo del encuentro fue Ariel Schale, quien ahora es secretario de Industria pero que hasta hace unos meses estaba del mismo lado del mostrador que los dirigentes empresarios, dado que se desempeñó como director ejecutivo de Fundación ProTejer, entidad que nuclea a toda la cadena textil.

Le preguntaron qué opinaba del acuerdo Mercosur–Unión Europea que habían heredado del macrismo: palabras más, palabras menos, dijo que no podía contradecir lo que había opinado toda su vida.

 

Con esa frase simple, les confirmó que se trata de un pacto con el que no está de acuerdo, pero también mostró cómo el actual Gobierno quedó atado de manos al no poder agregarle ninguna modificación al texto original. El plan ahora simplemente es presentar los pro y los contras y poner esa información a disposición de los legisladores.

La reunión no terminó ahí. Los funcionarios les adelantaron otra bomba: el TLC tiene otra cláusula que plantea que aunque un país miembro no apruebe el acuerdo, esto no impide que otro sí le de luz verde y lo implemente.

Traducción: si en la votación en el Congreso el pacto comercial con la UE se cae, Brasil puede aprobarlo e implementarlo sin ningún problema, tal como ya adelantó que hará Bolsonaro.

"Los funcionarios nos dijeron que si acá el TLC se cae pero los brasileños lo ratifican, entonces se acaba el Mercosur, se rompe, porque el bloque no permite que alguno de sus miembros apruebe un tratado de libre comercio por su cuenta, sin el consenso del resto", advirtió uno de los asistentes.

Esto, sin dudas, abre otro debate, por las implicancias difíciles de imaginar que tendría un escenario de este tipo. Brasil es el principal socio de la Argentina. Y si se corta solo y avanza con el pacto con los europeos, abriéndole su mercado, sería un durísimo golpe para la industria albiceleste.

"La conclusión es que la reunión fue muy mala. No por lo que plantea el Gobierno, sino por la situación en la que nos puso este acuerdo. Nos ataron las manos, no podemos meterle cambios. Si acordamos con la Unión Europea, estamos en el horno porque obtenemos pocas ventajas y les entregamos nuestro mercado. Y si se cae en el Congreso, colapsa el Mercosur. Estamos en una encerrona, o nos pega por un lado o nos pega por el otro", resumió la misma fuente.

A su turno, Raúl Zylbersztein, secretario general de CGERA, sintetizó el estado de ánimo entre las Pymes afirmando que "esta herencia que nos deja el macrismo es peor que lo que nos dejó con la deuda externa".

 

Menos protección

 

El acuerdo, según les explicaron los funcionarios, está en etapa de traducción (en total son unos 25 idiomas) y su tratamiento parlamentario no será antes de los siete meses.

Los industriales también escucharon otras cosas que no hicieron más que sumar preocupación, como que -de aprobarse el TLC- el Gobierno estará muy limitado a la hora de implementar medidas como las Licencias No Automáticas para el control de importaciones, tal como está haciendo ahora la administración de Alberto Fernández.

"Me pregunto qué va a ser de las industrias. En Brasil se aprobó la reforma laboral. ¿Acá que se va a hacer con ese tema? ¿Cuál va a ser la postura de los sindicatos? ¿Qué se va a hacer con la fenomenal carga tributaria que tenemos? Con esta falta de competitividad estructural no pueden largarnos a pelear a pelear por nuestro propio mercado", advirtió otro de los asistentes.

Además, en la reunión quedó flotando otra luz de alerta: los europeos podrán frenar cualquier embarque de alimentos y materias primas ante el más mínimo riesgo que consideren las autoridades de ese bloque. No es un dato menor: el sector agroganadero era al que Macri buscaba potenciar con este TLC.

La cláusula incluida en el texto firmado por el anterior gobierno establece que "las autoridades europeas podrán actuar para proteger la salud humana, animal, vegetal o medioambiental frente a riesgos incluso si los análisis científicos no son concluyentes".

Esto, a priori, hace suponer que las normas sanitarias y fitosanitarias seguirán funcionando como una traba extra arancelaria a las importaciones, es la lectura que hacen los críticos.

La reunión dejó mucha información y un sabor amargo para los dirigentes Pyme. Ahora, las cámaras industriales deberán reunirse con sus socios de todo el país para recabar opiniones y elaborar diferentes informes que formarán parte del documento oficial que será condensado por Desarrollo Productivo, para acompañar el texto que irá al Congreso. Allí se dará otra pelea.

Fuente: iprofesional.com

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